sábado, 6 de enero de 2018

La Chica del adiós

            La historia sucedió hace ya bastante tiempo.
Andaba cierta tarde tomando café, sentado en una mesa en la vereda, en un bar intrascendente de la esquina de Carhué y Rivadavia.  Allí giraba velozmente el colectivo 117 y a veces pasaba a un par de metros del respaldo de la silla. Luego doblaba por Carhué para alejarse de Liniers rumbo a mi barrio; algo nada extraordinario, realmente.
Yo venía de un lamentable divorcio y no tenía la menor idea de lo que habría de suceder con mi vida desde esa separación en adelante. En una mesa, al costado de la mía, un grupo de 6 o 7 jóvenes charlaban entre ellos. Eran promotores de la jubilación privada. Promotores de la AFJP, tal como entonces se los llamaba.
La mujer que estaba sentada a mi lado me ofreció los servicios que promocionaba. Tenía simpatía belleza y bondad en la mirada. Y me sonrió, además, con una sonrisa extraordinaria. Ninguna de las mujeres de mi vida lo hizo nunca de ese modo. Pero yo andaba insensible por lo que me había pasado y además, para que negarlo, siempre tuve algo de estúpido en mi vida social. De lo contrario no estaría hablando de ella en tiempo pasado.
Su nombre era Karina. Se explayó durante un rato acerca de las bondades de afiliarse y yo la escuché con atención.  Luego me entregó una tarjeta para que la llamara en caso que decidiera obtener los servicios que ofrecía y eso fue todo entre los dos.
Esa noche, sin embargo, mientras estaba acostado en mi cama, su imagen, su sonrisa y su mirada hicieron algo así como un flash en mi cabeza. Encendí la lámpara de la mesa de luz pero no se prendió, entonces  me puse a tantear la superficie buscando la billetera. Finalmente di con ella y quité la tarjeta para recordar llamarla al día siguiente.
A media mañana lo hice y aceptó mi invitación.
Nos vimos en un bar de la zona de Boedo; estaba sencilla como el día anterior. Le dije que en realidad lo que yo quería era salir con ella pero de todos modos igual terminé por afiliarme a la AFJP. La verdad es que no fui capaz de negarme, Karina cobraba una importante comisión por cada afiliado y a mí me tenía sin cuidado lo que se suele llamar “futuro”.  Siempre ha sido así, jamás pensé en llegar a vivir lo suficiente como para jubilarme. Verme viejo o anciano nunca estuvo en mis planes.
Pasamos tres meses juntos.  
Ella estaba gran parte del día con el grupo de promotores y luego se encontraba conmigo. A la hora del amor, casi siempre al atardecer, íbamos a un hotel de la avenida Independencia al 1400, pleno barrio de Montserrat.
También me gustaba mucho llevarla al cine Arte. Tenía unos doce años más que ella y a veces las funciones eran fabulosas para los dos. Dejaba mi automóvil estacionado a 90º sobre Diagonal Norte y desde allí nos íbamos hasta el cine.
Algo que hoy es totalmente imposible.
Los dos disfrutábamos de los filmes. A veces para mí era un revival y otras veces no, porque tampoco había visto la película. Y así fue que en aquel tiempo vimos juntos, entre otros, a Fellini, Bergman y Antonioni. Y además varios días de la “Semana del cine ruso”. Y al mejor Woody Allen. Finalmente “La Chica del Adiós”, comedia teatral de Neil Simon, adaptada para el cine.
Así estuvimos unos tres meses juntos y ella colmó de ternura mi soledad.
Cierta noche, tomando juntos un café, le dije que tenía una oferta laboral en Bariloche, que acaso era una última oportunidad para mí y que había decidido aceptarla. Karina trató de adaptarse enseguida al proyecto, pero pronto se dio cuenta que no estaba en mis planes.
– ¿Soy la chica del adiós, no es cierto? –dijo mientras me miraba con una sonrisa triste que todavía me hiere. Y yo lo único que supe hacer en ese momento fue acariciar sus manos y besarla.
No soy un hombre que crea en el arrepentimiento. Uno en la vida toma decisiones de acuerdo a la realidad que vive en el momento. Y si supiera lo que luego va a pasar con toda seguridad que  haría cosas diferentes.  Sin embargo siento que jamás debí dejarla. Cometí un grave error y creo que lo he pagado caro.
Hoy no sé por dónde andará Karina. Las AFJP ya no existen y yo me he venido un tipo bastante cercano a lo que se llama viejo. Una burla del destino, por supuesto.
La chica del adiós fue la mujer más dulce que conocí en mi vida.
            Hoy no la tengo conmigo y estoy definitivamente solo.
Creo que me lo merezco.



©2018

24 comentarios:

  1. Con la misma calidad narrativa de siempre y las nostalgia de tu sello. Sabes, ser la chica del adiós no es nada agradable, pero es tan común que los hombres hagan eso. Sólo he sido la chica del adiós una sola vez en mi vida, y juré que NUNCA MÁS. Un abrazo, amigo tan querido. SOFIAMA

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    1. Que interesante el comentario Sofy. A veces en la vida se juegan los sentimientos en el marco de las conductas humanas. Y eso causa dolor, desde ya, cuando se toman decisiones tanto de un lado como del otro. Un beso.

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  2. Una verdadera fenomenología acerca de las relaciones amorosas que va más allá de las cuestiones afectivas y la impronta que han dejado en la vida de cada uno de nosotros. Un relato que nos lleva a la reflexión acerca de los problemas profundos de la existencia, como en todos los textos que llevan tu sello. Yo me he quedado pensando acerca del arrepentimiento, de la soledad, del destino, y sobre todo, de lo que acarrea el análisis de la última frase de este brillante texto. Un gran trabajo, Néstor, me ha gustado mucho.
    Ariel

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    1. Vengo de ver una película de Woody Allen (la última) Y un poco para mi satisfacción determinista , el genio de Brooklyn cita a Ananké en un tramo del filme. Gracias por el comentario. Ya charlaremos esto en persona. Abrazo.

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  3. Si el protagonista quisiera...podria haberla buscado de mil formas...

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    1. Ciertamente Alicia. Aunque a veces nos doblega el destino.

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  4. Que hermosa historia Nes. Y cuanta sensibilidad para contarla. Un beso.

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    1. Otro beso para vos, corazón de mi vida. En medio de este verano descontrolado siempre te extraño mucho.

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  5. Una historia simple y sencilla pero que se debe estar repitiendo desde que el mundo es mundo.

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    1. Gracias por la visita Haydee! Y muy cierto tu comentario.

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  6. Norberto Vanrell9 de enero de 2018, 2:37

    En la vida suele pasar. Creo que las cosas pasan y sólo dejan huellas

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    1. Ciertamente es así, pero a veces dejan huellas profundas. Gracias por pasar por el blog. Un abrazo.

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  7. Alfonso Carlos Díaz9 de enero de 2018, 3:04

    Muy bueno Néstor, siempre me sorprendes, estoy desvelado y lo leí.

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    1. Gracias Alfonso, espero que el cuento te haya ayudado a dormir. Un abrazo grande!

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  8. María del Carmen Guasti9 de enero de 2018, 3:23

    Todo un poeta !!!

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  9. QUE BUENO NES YA VENDRA ESE AMOR PARA TITE LO MERECES!!!!!!!

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    1. Gracias por los buenos deseos Cris! Pero esto es un cuento y el que está solo es el protagonista que cuenta la historia. Un beso sra. Que tenga un fabuloso 2018.

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  10. Ohhhhh Néstor, me conmovió.!!!!!
    Piensa que mientras viviste esa relación fue maravilloso; te queda el recuerdo más puro y dulce que jamás olvidarás.!!
    Te llegará el Amor nuevamente������

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  11. Gracias Alicia. Que lindo comentario y que buen deseo. No fui yo quien vivió esa relación exactamente, sino el protagonista, como le dije a Cris. Pero igual acepto tu gentil augurio. Claro que me gustaría mucho!

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  12. Que buena tu producción literaria, no considero que te lo merezcas a veces uno hace lo que puede y no lo que quiere en la vida.

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    1. Gracias Eduardo, me alegra que visites el blog, debo seguir aclarando que las cosas le pasan al protagonista del cuento y no a mí. Te mando un fuerte abrazo.

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