jueves, 12 de enero de 2017

Cuando me Vaya

https://www.youtube.com/watch?v=HSVruBWjPXU



Hace unos años atrás, creo que en el 2007, me contrataron para trabajar seis meses en la ciudad de Mendoza en el área de transporte de cargas. La paga era buena y además incluía un pasaje por mes en avión para viajar por 48 horas a la ciudad de Buenos Aires.
Con el tiempo me fui haciendo experto en logística. No sé muy bien porqué.
Mi vida había carecido de rumbo luego de mi divorcio y de que mi hija terminara su carrera universitaria. Y ya con los años a cuestas y sin proyectos personales una cosa llevó a la otra y terminé trabajando en el área. Algunos le llaman destino. Y yo también.
                La empresa contaba con catorce camiones, todos de la marca Scania y habitualmente circulaba por las rutas del país y las del Mercosur llegando hasta San Pablo. Otras veces, también, cruzaba  la frontera con Chile. Lo cierto es que el dueño de la empresa deseaba optimizar los costos y las distancia y la programación de los viajes y me contrató por eso.
Y allí fui yo, con todos mis programas al hombro.
Al llegar me dieron una oficina bastante pequeña pero (lo más importante) muy luminosa. Conmigo iba a trabajar Paula para asistirme en lo que necesitara. Era la esposa del gerente de mantenimiento de los camiones. Un hombre muy activo, que vestía siempre de overol azul y que se la pasaba todo el día en los talleres.
Yo nunca había viajado a  Mendoza. Y esa fue una razón adicional por la cual acepté la propuesta. Y en ese sentido no me equivoqué ya que a lo largo de los meses pude conocer su increíble belleza.
Al poco tiempo todos los camiones contaban GPS y la empresa me agregó en la oficina una segunda pantalla desde donde podía controlar la ubicación de cada transporte. Aquello me facilitó mucho las cosas y con trabajar un par de horas por día me alcanzaba.
Desde ya que me quedaba allí cumpliendo mi horario y a veces charlábamos mucho con Paula.  Ella era cordobesa, nacida en Río Cuarto.  Tenía 45 años, una mujer muy bella con el pelo levemente ondulado, que no se teñía las canas y apenas se maquillaba. Nunca pudo tener hijos propios y adoptó dos niñas chilenas. Una tenía ahora cuatro y la otra seis años.  Su marido jamás le aclaró bien el porqué de la adopción en Chile pero luego de consultar abogados se tranquilizó. Todos los papeles estaban en orden. A veces charlábamos juntos largo rato, aunque los dos coincidíamos en que el café de la oficina era muy malo y al poco tiempo lo reemplazamos por mate.
Un día me propuso pasar a buscarme  por el hotel. Dejaba a las niñas en la escuela, luego tomábamos café del bueno en un antiguo bar del centro y al final llegábamos a la empresa. Su esposo ya estaba allí, en los talleres, desde las seis de la mañana. Era un hombre obsesivo con el trabajo.
Con Paula algunas veces fuimos a lugares turísticos cercanos. Ella me llevó en su camioneta hasta Villavicencio y yo quedé maravillado de tanta belleza. Íbamos solamente a lugares que quedaran cerca por una cuestión de tiempo. Pero también fui con alguna excursión turística a lugares muy hermosos y más lejanos. Desde ya que estuve en la cordillera de Los Andes.
Promediando mi contrato, el dueño me pidió que le enseñara a un sobrino suyo mi trabajo, cosa que comencé a hacer de inmediato. Era un muchacho treintañero que aprendía todo fácilmente.
Un sábado a la tarde Paula me llamó al hotel. Su esposo se hallaba de camping con los amigos pescando y había dejado las pequeñas en una fiesta de cumpleaños.
– ¿Te paso a buscar y charlamos un rato? –dijo.
Yo estaba acostado vestido, mirando televisión y con el control remoto en la mano.
–Desde luego –dije– vamos.
A partir de aquel día nuestro vínculo se reforzó mucho, acaso demasiado. Sentíamos mucha empatía. Ella me contaba de su niñez y yo le contaba de mis desastres. Incluso un par de veces su esposo se apareció por mi oficina, cosa que jamás hacía. También hubo roces de dedos y manos y hasta caricias en el pelo. Pero hasta allí llegaba todo. Por alguna razón yo no deseaba vulnerar su condición de esposa y madre.
El día anterior a mi regreso nos vimos  en el viejo bar del centro de Mendoza.
Entonces no pude más. La tomé de las manos y le dije:
–Paula, mañana a las tres de la tarde sale el avión. Quiero estar con vos antes de marcharme.
Y entonces a ella se le iluminaron los ojos y hasta tuvo una leve sonrisa.
–Pensé que nunca me lo ibas a pedir. –dijo.
Luego el atardecer cuyano fue nuestro.  Una fiesta de los cuerpos, de los labios, de los besos,de las manos y también una fiesta del alma.
Mas tarde hicimos un pacto con Paula y juramos cumplirlo, pasara lo que pasara. Los dos convinimos que esto comenzaba y terminaba  de ese modo. Ni teléfonos entre los dos, ni correo, ni direcciones, ni email, ni nada.
Al otro día un taxi me llevó hasta el aeropuerto.
Entonces, mientras me acercaba a la terminal aérea lo escuché cantar a Horacio Guarany con su voz inconfundible desde el parlante del auto.  Era la voz sonora del poeta que atravesaba sentimientos y tomaba por asalto mi calma.
 El chofer escuchaba folklore en la radio y mientras tanto en mi vida y en mis recuerdos se levantaba una enorme muralla.
–Me voy – decía la canción- y un recuerdo tuyo me llevo cuando me vaya.


©2017

22 comentarios:

  1. Nes, quisiera decirte que cuando leo tus cuentos me parece que en lugar de leerlos estoy viendo las imágenes como en una película. En especial este que escribiste ahora, tan real. A mí me parece que todo lo que contás es cierto. Beso grande.

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    1. Gracias Carlita. Es verdad, este cuento me fue saliendo así, mas realista de lo habitual en lo que escribo. En cuánto a si es cierto o no. No te lo puedo decir. es un secreto.

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  2. Me encantó la historia, una trama fuerte y ajustada como la que hacen los artesanos en los telares manuales, sin resquicios, impecable. Y también me gustó como vas introduciendo de a poco ese amor de Paula, que va creciendo hasta que se hace tan grande que ocupa todo, con la partida y la canción de Horacio para darle el broche de cierre. Un hermoso trabajo, Néstor. Te mando un gran abrazo.
    Ariel

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    1. Gracias Ariel. Recién contestaba mas arriba que en realidad me salió un texto con mas acción (y algunos breves diálogos) que de costumbre. Tampoco puse mis reflexiones filosóficas habituales. No sé muy bien porqué. Acaso estaba solo en casa, dispuesto a escribir y entonces forcé la situación para hacerlo. Resigné poesía por los camiones Scania. De todos modos lo publiqué porque está basntante bueno. Abrazo.

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    2. Mirá lo que son las cosas Ariel. Recién me acabo de enterar que se nos fue el Horacio. A los 91 años el muy hijo de puta. Tanto vino, tanta poesía, tantos festivales, tantas mujeres. Si fuera por él hubiera vivido 182 años. Es muy fuerte para mí. Supongo que hay que ser argentino para entender este dolor inconmensurable. El Potro me ha brindado tanto placer y tanto arte que debería vivir al menos cómo él para agradecerle un poco. Descanse grandioso Horacio.

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    3. Una tristeza enorme, Néstor, comparto tu abrazo, se nos fue un grande y eso que parecía inmortal. Un dolor inmenso, nos dejó un gran vacío.

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  3. Precioso relato donde la trama va poco a poco mostrando el amor que empieza y se acaba al final, partiendo de nuevo en avión a casa. Un abrazo

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  4. Gracias María del Carmen por la gentil visita al blog. Ciertamente es un relato bastante especial, donde el amor va a pareciendo poco a poco. Me pone muy feliz que lo consideres "precioso" y que te haya gustado. Pronto te visito. Un cariño grande.

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  5. me pregunto?? podra mirar Paula (asi se llamaba?) a los ojos a su marido?? buena narracion, feo tema*** plinn.

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  6. Realmente Mabel me has hecho matar de la risa. Igualmente me gusta mucho tu comentario porque es muy original. Te recostaste en la parte, digamos, ética de la historia. Y en cuánto a Paula no puedo responderte. Te digo lo mismo que a Carla. Es un secreto.

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  7. La evocación a Guarany un día antes de su partida pone este escrito excelente en una categoría superior. Creo que su alma te inspiró mientras emprendía el regreso a otro plano. Maravillosa historia y coincido plenamente con un comentario por arriba. Cuando se leen tus relatos se ven guiones de cine!

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    1. GRacias Liliana. Me pone muy feliz tu lectura. Se ha dado la coincidencia respecto de Horacio. De todos modos yo lo he admirado tanto que así como lo puse de referencia en este cuento del blog lo volvería a poner cien mil millones de años.

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  8. Carlos Pablo Ravazza13 de enero de 2017, 10:07

    Me gustó mucho, es muy interesante la insinuación y atracción incontenible que se fue acrecentando, como también la muralla divide y aleja dejando el recuerdo solo para el pasado.

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  9. Gracias Carlos. Te mando un gran abrazo.

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  10. El tema no da para asombrarse, pero tu narrativa da para iluminar el alma. Extraño que ayer publicaras este texto y hoy muriera tu inspirador. “Cosas de la vida, Sofía…” Si hasta parece que te oyera amigo querido. Me fascinó. Un full abrazo. SOFIAMA.

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  11. Guillermo Richter14 de enero de 2017, 8:13

    Muy bueno el cuento. Me transportó a Mendoza por unos instantes. Justo la inclusión del gran Horacio. Fíjense, vivió 91 años plenos de vino,asados,
    diverión nocturna y agradables compañías....sigan corriendo, haciendo aeróbics y regimenes vegetarianos

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  12. Acabo de entrar al blog y veo tu comentario. Te agradezco que te haya gustado. En cuánto al Horacio. Y bueno, tuvo una vida gloriosa. Vino, Festivales, mujeres, viajes, publico admirador, dinero, amigos, bienes materiales. Lo tuvo todo pero también lo dió todo. Abrazo.

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  13. Muy bien llevada la historia Nestor, me ha gustado como la has contado y ese final que es el que ellos deciden, porque a veces pasan las cosas sin saber el cómo.
    Saludos

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  14. Gracias Conxita, siempre tan amable. Me ponen muy feliz tus visitas. Mira, te diré algo. Yo me inspiré en la letra de una canción: "Me voy, y un recuerdo tuyo me llevo cuando me vaya". Incluso saqué hasta el propio título del cuento de ese tema musical. Pero al encarar el final del relato los propios protagonistas me llevaron a concluirlo de ese modo. Debía de ser así y de ningúna otra manera. Cada uno se llevaba un recuerdo del otro, para siempre. Era el final necesario. Ya no volverían a encontrarse. Gracias por tu visita. Te mando un cariño grande.

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  15. Vamos a ver, dios mio pedazo relato, lo leo y lo vivo
    Quedó como sentada mirada fija pensamiento en siguiente o de interrogación
    Y u oh!!
    Precioso gracias por compartir, gracias por haberme visitado

    Un saludo afectuoso

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    1. Gracias a ti, Carmen por el generoso comentario. Te mando un cariño grande.

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