lunes, 11 de febrero de 2019

Mayra


                Siempre recordaré mi  viaje a Montevideo.
                Mayra era inmigrante y trabajaba de docente en una escuela del Parque Avellaneda. Aunque cuesta llamar “inmigrante” a una mujer uruguaya. Existe  algo intrínseco de igualdad e identidad entre ambas naciones que dificulta el uso de ciertos  vocablos.
Mayra  de mañana atendía las mesas de un pequeño bar de la calle Lacarra y por la tarde noche enseñaba literatura en un colegio secundario de la zona. Era hija de padre argentino y tenía las dos nacionalidades. Yo la conocí en el bar porque en aquel tiempo acostumbraba a desayunar bien temprano a la mañana.  Ella era realmente encantadora y su capacidad de trabajo extraordinaria. Tenía más de cuarenta años aunque nunca me dijo su verdadera edad. Tuve que insistir en un par de oportunidades y después desistí de hacerlo porque realmente no me importaba.
Era tan querible y tan medidamente extrovertida que el día en que empezó a aceptar mi cortejo sentí que me internaba en una zona de riesgo.
Perfectamente pude enamorarme de Mayra.
Lo cierto es que estuvimos juntos un par de años. Aunque eso de “estar juntos” no sé si en verdad es decir lo adecuado. Nos veíamos cada tanto, entre sus ratos libres y los míos. No solo nos juntaba el encuentro físico sino también el arte. Mi colección de música la fascinaba y una tarde de amor y de locura, cuando llegó el tiempo de la calma, llegamos a la conclusión de que éramos una especie de mellizos musicales. Yo comencé, un poco, a adorarla. Pero luego la lógica se impuso por sobre lo insensato y me hizo entrar en razones. El amor suele interesarse en las cosas imposibles y una vez en la vida, por lo menos, debemos explorarlo. Aunque  para mí ese tiempo había pasado y  no estaba dispuesto a volver a intentarlo.
Mayra era una gran lectora y su profesión la obligaba. Hasta le gustaban las cosas que yo escribía. Por momentos llegué a pensar que éramos una pareja perfecta, hasta que en el otoño del 2016 volvió a su país. Había conseguido un importante nombramiento docente y pensó que el momento del regreso había llegado.
Yo la extrañé mucho, debo aceptarlo.
Aunque, acorde a los tiempos que pasan, las redes nos mantuvieron en contacto.
El año pasado viajé  a reencontrarme con ella. No solo me esperaba Mayra sino también Montevideo. Siempre había pasado por allí con mi auto, camino a Punta del Este o al sur de Brasil pero en realidad no conocía de verdad  la ciudad.
Todo fue una fiesta para mí: Montevideo y Mayra.
Me alojé en un hotel frente a la Terminal de Tres Cruces. Y allí anduvimos juntos por todos lados. Me llevó a un par de lugares donde se escuchaba esa música tan particular y de base murguera que cantan por aquel lado. Y desde luego la 18 y Pocitos y Carrasco. Y también esos barrios encantadores y antiguos que me hacen recordar a la vieja Buenos Aires.
Hoy Mayra es presente y a la vez pasado.
Cada tanto aparece su imagen en el Skype de mi casa contándome de sus tribulaciones políticas y personales. Ella es muy de izquierda, ciertamente mucho más que yo.
Y la verdad es que, a la distancia, la sigo adorando.


                                                                                                                                            
                                                                                                              ©2019

8 comentarios:

  1. Que bella historia. Y qué romántica. A mí me gustó mucho!

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  2. Una historia apasionante, narrada en primera persona de tu relación Mayra. Realmente la he vivido con un cierto vértigo interior. Muy buena, Néstor.

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  3. Muy bueno, Néstor. Me gustó este relato con el marco indeleble del escenario porteño (al que aquí se agrega el rioplatense), siempre presente en tus cuentos. Y la presencia femenina, casi imprescindible en todos tus textos.
    Ariel

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    1. Gracias Ariel, dejo que te conteste Borges:

      "No estoy seguro de que existo. En realidad yo soy todos los escritores que he leído, todas las personas que he conocido, todas las mujeres que he amado; todas las ciudades que he visitado"

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  4. Alicia Carmen Vullo12 de febrero de 2019, 4:20

    Muy lindo relato Nestor con coincidencias y rodeado de amor.

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  5. Gracias Alicia, ¡Qué bueno que te haya gustado!

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