sábado, 10 de marzo de 2018

Un día de campo



                Hoy fui a visitar a mi hija.
                Ella vive en un club de campo  en las afueras de la ciudad, en una localidad llamada Hudson. Es un barrio cerrado y tiene una casa con piscina. Yo en cambio vivo en un pequeño departamento en el centro de la ciudad. Soy un hombre urbano, lo mío es el cemento y supongo que siempre lo será. Tengo que conducir unos cincuenta kilómetros para llegar hasta allí. Hudson debe su nombre al escritor inglés William Hudson que vivió en la zona durante muchos años. El hombre regresó luego a Inglaterra y escribió un libro titulado Allá lejos y hace tiempo. Nunca lo leí pero el título me parece muy bello.
                A mi no me gusta mucho el césped.
                Mi yerno, en cambio, tiene una máquina que lo corta al ras y la suele usar los fines de semana.
                Cada tanto visito a mi hija. Digamos, una vez por mes.
                Tengo dos pequeñas nietas que se alegran mucho al verme llegar. Soy ese tipo de abuelo joven, divertido y algo cómplice con el que quieren compartir la complicidad. Son dos muñecas rubias y de ojos celestes que se acercan a abrazarme ni bien bajo del auto.
                Es un poco extraño lo que pasa. Soy un hombre de pelo oscuro. Mis padres llegaron al país desde Génova, al norte de Italia y sin embargo tengo dos nietas que parecen nórdicas. Aquí se han mezclado mucho las razas. Aunque de mi pelo oscuro ya no queda nada. Hoy es tan solo un manto de canas que mezclan el blanco con el gris.
                Luego de mucho insistir las diablas consiguen llevarme a la piscina. Media hora después salgo destruido por el cansancio. Por suerte logro hacer que se sequen con las toallas y entonces las pongo a jugar entre ellas un juego de mesa.
                Después me sirvo una copa.
                En la casa hay una bodega generosa y hasta una cava que conserva el vino a 18º.
                Mas tarde llega mi hija del supermercado.
Disfruto de una relación especial con ella. No solo por el hecho de ser hija única sino también por el amor que nos dispensamos. He sido un buen padre pero ella es mejor hija de lo que hubiera pensado. La saludo y la ayudo a guardar las cosas en la heladera. Trajo provisiones, carne y algo de frutas. Seguramente mi yerno preparará un asado. Luego más tranquilos nos sentamos y charlamos.
Mi hija no sabe que vengo de dos rupturas. Una real, bien real, de carne y hueso. Y la otra lejana y virtual, a través de la red, como se estila ahora. La verdad es que siento más dolor por ésta última que por la primera. En ambos casos fui yo quien decidió el final. Cuando se lo cuento me mira un tanto extrañada.
–Papá –dice por lo bajo- tu vida es un desastre.
En realidad creo que no es para tanto pero algún tipo de razón tiene. Vivo solo en el departamento del centro y cada vez estoy más a gusto de ese modo. Allí me rodean los lugares que amo y todos los enclaves del pasado. Las avenidas, las plazas, los teatros y los bares.
Desde que me divorcié que no he podido consolidar una relación estable.
Días atrás mi ex esposa y madre de mi hija me sugirió que buscara “una mujer de mi edad”. Tal vez ella tenga razón y ese tiempo esté llegando para mí. Nos llevamos muy bien, yo me preocupo por su salud y ella por mi vida sentimental. A veces charlamos de manera confidente en las reuniones familiares, algo que no le gusta demasiado a su actual pareja.
Lo cierto es que entre una cosa y la otra se han hecho las dos de la tarde y nos sentamos a almorzar. El olor de la carne asada a la parrilla siempre resulta insuperable. Hay mucha alegría, mis dos nietas se divierten con mis bromas y yo tal vez bebo demasiado. En especial considerando que debo regresar a la ciudad conduciendo el automóvil.
Luego los postres y el ritual de la despedida
Ha sido un gran placer venir a visitar a mi hija pero tanto el sol como el césped se han vuelto un poco pesados para mí. Soy un hombre del Centro y del cemento,  y eso es algo que me resulta imposible negar.
Los beso con cariño a todos, subo a mi automóvil y tomo por la autopista. En la radio del auto suena, naturalmente, un tango. Y entonces apunto hacia el norte, hacia la gran ciudad.
Mi día de campo ha terminado.

©2018

16 comentarios:

  1. Que maravilla Nes. Mientras lo leía me pareció acompañarte en la visita.

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  2. Un día que debe haberte dado mucha felicidad!

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  3. Qué modo tan bello de narrar tus historias...

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  4. Tu día de campo se inmortalizó en este hermoso relato. Fascinante narrativa. Eres fluido y usas el recurso descriptivo de forma magistral. Un abrazo full, mi tan querido Néstor. SOFIAMA

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    1. Gracias Sofy, corazón. Siempre me alegra verte por el blog. Me alegra que te haya gustado el texto. Un beso.

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  5. Me gusto mucho. Entretenido hasta el final. Bien llevado. Felicitaciones.

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  6. Relato ameno y agradable
    Creo que puede haber un 80 o 90% de realidad.

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  7. jAJAJAJA. Puede ser Guille. Es un porcentaje alto, es cierto. Un abrazo.

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  8. Un psicoanalista te diría que nunca abandonaste el nido y que ese centro es tu lugar de refugio contra la vida . Pero bue... uno es como es vió? ROBERTO "Erre". Un abrazo.

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  9. ¡Gracias Roberto! Veré de consultar a mni psicólogo.

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  10. Los fines de semana en Buenos Aires Aun los recuerdo....
    Vivíamos en Belgrano y la casa del fin de semana. Y la gente ...Tu texto me ha traído bellos recuerdos de algo que no es más hoy sino ayer... Mi tierra y los recuerdos ya ves cada vez que vengo mis raíces florecen...Feliz domingo de hoy es ya de madrugada

    abrazos

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    1. Gracias MuCha. El mundo es ancho y ajeno, decía un novelista. Pero nosotros nos apropiamos de él. Andamos por el planeta buscando algún lugar donde ser felices en este breve lapso que estamos en la vida. Me alegra lograr hacer aparecer tus recuerdos. Que pases un bello domingo. Mas abrazos.

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