jueves, 22 de junio de 2017

Nadia



Nadia era muy especial.

- A veces veo a la gente –decía-  y me gusta sentir que no son solo personas pasando por ahí. Me imagino qué tan profundo se han enamorado o cuantas decepciones amorosas han tenido. Lo mismo me pasa cuando leo tus escritos, te lo juro.

Lo decía mientras miraba a la gente caminar por la avenida Callao.

Solíamos reunirnos en la Ópera de la esquina de Corrientes allá por el año 96. Eran tiempos exóticos y extraños. Teníamos de presidente a Carlos Menem y el peso valía lo mismo que el dólar. Yo había regresado a la literatura y estaba recién divorciado. Mataba el tiempo por las tardes escribiendo cuentos que todavía conservo. No tenía un objetivo demasiado claro. Luego de dos décadas de locura, de dinero, de whisky, de sustancias y de viajes la hora de la calma había llegado.

Nos conocimos en el Centro Cultural Alfonsina Storni, en la calle Tucumán al 3200. Nadia asistía a un curso de “Biodanza” y yo a otro de Comunicación y Literatura. Nunca entendí muy bien que era eso de la biodanza pero tampoco me esforcé mucho en hacerlo. Con el  tiempo también me anoté en otro de la Historia del Arte. Estaba viviendo solo y me había separado y los cursos lograban que llegue a mi casa bien entrada la noche. Cierto atardecer, esperando en la administración, me puse a charlar con ella y la invité con una bebida en lata de la máquina expendedora. Eligió una Pepsi sugar free.

Nadia era bella de verdad. Una acuariana de cuarenta cumplidos hace poco. Vistiendo atuendo de gimnasia adherido a su cuerpo y con la parte posterior del sostén a la vista y atravesando su espalda.

A mí me impresionó mucho.

No tardé en invitarla a salir y a los pocos días terminamos en la cama. Su padre había llegado de Rusia, huyendo del comunismo y su abuelo vivió la revolución rusa. Y ahora andaba ella, en este extraño país, con su pelo rubio y corto y su sensibilidad extraordinaria.

Nadie ha sido en mi vida como Nadia.

Una tarde le leí el poema “Los Justos” de Jorge Luis Borges y se puso a llorar en la mesa. Me pidió el libro para leerlo directamente y supongo que lo hizo unas diez veces.   Más tarde, charlando el episodio, comentó  que el poema debía llamarse “Los Buenos”, en lugar de “Los Justos”. Era una mujer de altísima sensibilidad que había tenido el infortunio de casarse con un idiota de esos que hay tantos por acá. Creído de sí mismo y sin sustento intelectual.

Yo comencé a sentir una especie de adoración por ella.

En pleno invierno falleció su padre. Nadia lo encontró muerto en la cama. Estaba tieso y con los ojos abiertos.

–Creí que al morir cerrabas los ojos.- me dijo conteniendo apenas el llanto

En aquellos meses junto a ella volví a decir palabras que había dejado de pronunciar, como por ejemplo “para siempre” o “nunca” o “te amo tanto”.

Hasta que un día nos despedimos. Nadia se mudaba a Bariloche con la madre, a un pequeño hotel en la ladera del cerro que fuera propiedad de su difunto padre.

–Tengo que cuidarla. –me dijo una tarde en la Ópera y en la mesa de siempre.

Y yo dejé que las cosas sucedieran de ese modo. Sabía que solo así podía apreciar, de manera efectiva y en la vida real,  el “para siempre” que ella me había enseñado.

El último día me preguntó porqué escribía.

–Tengo algo de talento y creo que puedo darle emoción a la gente. A veces cuando escribo descubro sentimientos que ni yo mismo sé que tengo.

 –El talento es suerte.  –respondió-  Lo importante en la vida es la valentía. Y tú tienes mucha. Nunca te voy a olvidar y voy a quererte para siempre. Eso lo sabes.

Yo también. –dije.

Y ya no volví a verla nunca más.

Y aquí se termina, también para siempre, esta sencilla historia de Nadia. La misma que sucediera  en el año 96. En aquellos tiempos tan exóticos y extraños, cuando yo andaba recién divorciado y no sabía qué hacer con mis horas. Los tiempos en que teníamos de presidente a Carlos Menem y el peso valía lo mismo que el dólar.


©2017

18 comentarios:

  1. Es sencilla y es hermosa tu historia; y que eres regalado de TALENTO, ni dudarlo por un segundo. Magistral tu narrativa, siempre impregnando el alma de tus lectores. Bravo! Full abrazo, mi querido. SOFIAMA

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    1. Gracias Sofy. Eso de "impregnar el alma del lector" realmente me pone muy feliz.

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  2. No sé si esta historia es real pero mientras la leía me puse a llorar. Me trajo recuerdos y sentimientos pasados. Gracias Nes.

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    1. Ciertamente me pone muy feliz haber logrado emocionarte. Un beso Carlita.

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  3. Te voy a decir algo que es bien cierto. Siempre he soñado con una relación así. Llena de sentimiento. Mil gracias Néstor, he pasado un rato hermoso leyendo este cuento.

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    1. He tratado de hacer girar el relato en base a lo emocional, Gra, a los sentimientos. Y en tu caso veo que lo he logrado. Un abrazo.

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  4. Hola Néstor. Tu relato me llenó de ternura, ese es el sentimiento en el que me instalé desde que comencé la lectura, desde donde estuve dejándome llevar por las palabras. Hay un trasfondo de la figura masculina que cuenta la historia, que aporta gran parte de los sentimientos, una especie de telón de fondo donde está pintada su vida, o los grandes acontecimientos emotivos de ella. Y sobre él quedan iluminados los sentimientos de Nadia, la pena por la muerte de su padre, y la necesidad de irse a vivir con su madre. Y entre ambos, la ternura que te decía, el amor que forjaron y la separación con ese "nunca te voy a olvidar".
    Yo también creo que el que ha escrito este texto tiene mucho talento.
    Un abrazo Néstor.
    Ariel

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    1. Hola Ariel, máster prosista. En realidad toda la historia gira en base a lo sentimental, pero no desde una mirada convencional. Aquí los sentimientos dan y reciben ternura, como sagazmnente has notado. Ese "para siempre" tiene también parte de una humana ingenuidad pero los que lo hemos vivido sabemos que es muy valioso. Un abrazo pibe, espero verte pronto.

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  5. Muy bueno, me gustó mucho.

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  6. Esta sencilla historia de un amor que dura poco en el tiempo a mi me ha resultado maravillosa Néstor. Creo que en este tipo de relatos es donde mas te luces. ANDREA

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    1. Me acordé de Nadia ayer a la mañana en casa. Y como ando resfriado y sin salir por el frío me puse a escribir el cuento. Dicen que toda literatura es autobiográfica. En este caso (mas o menos) es cierto. Un beso Andrea. Gracias por tan bello comentario.

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  7. Muy buena historia. Algo triste pero me encantó.

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  8. Es una historia sencilla pero interesante y como me ocutte siempre, me abstrae por un rato y me transporta brevemente a la época. Me gustó como todas tus narraciones. El "para siempre" me deja pensando

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    1. Gracias Guille. Ya hemos hablado en su momento acerca de la condición de mis textos respecto a la posibilidad de revivir el pasado.Estoy muy feliz respecto de que lo disfrutes. A mi también me ha dejado pensando el "para siempre". Abrazo.

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  9. Esta historia tiene la profunda simplicidad de un río, una montaña, una mujer que hoy ves en La Ópera y mañana no la ves más.

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