jueves, 15 de diciembre de 2016

Mar Azul


“Oh melancolía, señora del tiempo,
beso que retorna como el mar”.
SILVIO RODRIGUEZ


                Hoy he llegado a Mar Azul.
                Hace ya cuatro días que está lloviendo. La invernal humedad de Junio convierte el parabrisas de mi automóvil en un charco de vidrio. El punto de saturación ha sido colmado. Hay un rocío sereno en el aire y un poco de agua que no parece lluvia sino escarcha. La proximidad del mar castiga mi respiración y en el medio de todo ese paisaje vuelan algunas gaviotas. La Posada del Faro será mi refugio. Detengo mi automóvil y me bajo.
                No sé bien que he venido a hacer aquí. Tengo un propósito definido pero también tengo un mar de dudas. Siento como si el tiempo se derrumbara sobre mis intenciones.
                Miro el frente y no dejo de asombrarme: está igual que hace treinta años. Cada cobertura, cada cerramiento, cada piedra caliza y cada losa parecen estar en el mismo lugar en que los ha guardado mi memoria. No tengo ninguna excepción que hacer y la visión de esa imagen es un fuerte motivo para evocarla.
                A lo lejos está el faro y detrás del faro está ella.
                Mar Azul crece a cinco kilómetros del faro. Aunque la melancolía se encuentra solo a cinco centímetros de mi alma. Mar Azul  es una localidad costera cercana a la soledad de mucha gente. Es algo así como una alteración, un extravío o un engaño.  Mar Azul no debería estar allí.
Pienso que nadie debería vivir en un lugar como ése.
En la posada me dan un cuarto confortable y con calefacción. Luego anochece  y bebo una copa en la barra del bar. Por el ventanal distingo la poderosa luz del faro y siento una extraña sensación de felicidad. “Busco el local de Eva”, le digo al mozo y el tipo me mira como si no entendiera nada. “El museo de caracoles –insisto– el que está detrás del faro”, pero tampoco obtengo respuesta.
Al parecer el hombre es nuevo allí.
Luego converso con su jefe y me dice que el local está  a cinco cuadras del faro pero que cierran en invierno. “Hace poco han puesto luz eléctrica pero están aislados y sin comunicación. Es deliberado –agrega– esa gente está un poco loca”.
Una sonrisa se dibuja en mi interior y pido otra copa. Los recuerdos del pasado entrelazan en mi mente todo un tejido de brumas. Cuando era joven y navegaba en un barco de carga le traía a Eva caracoles de todo el mundo. Era tiempos de proyectos de vida natural y comunitaria que yo luego abandoné por la seguridad y el dinero.
–Mañana temprano iré hasta el local. –le dije.
–Ni se le ocurra. –contestó– Con un automóvil como el suyo jamás podrá llegar.
Esta vez le llevaba a Eva un caracol muy extraño que había encontrado navegando en Malasia. Era una especie de salvoconducto. La aprobación y el permiso para presentarme frente a ella luego de tantos años.
Así que al día siguiente a la mañana preparé mi automóvil y le puse cadenas a las ruedas porque nevaba.  Nevaba sobre la arena y nevaba sobre el mar. A lo lejos el faro parecía el boceto de una tela borrosa de Renoir. 
–Es una locura– volvió a repetirme el jefe.
–Tengo que ir, necesito llegar a ése lugar.
– ¿Pero qué es lo que lo motiva a hacer algo así?
–La melancolía –dije con algo de desgano.
Y luego, poco a poco, comencé a acelerar.


©2016

14 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  2. Los recuerdos del pasado y las brumas de tu alma solitaria han tejido un tapete de la melancolía como esos que elaboran nuestros aborígenes. No le falta nada. Tiene toda la degradación del color simbólico de la tristeza, desde ese azul del mar hasta el gris de la bruma. Expresas, además, un sentimiento tan bien elaborado que casi cobra presencia física cuando se te lee. Reina el dolor en cada palabra y hasta se siente el suspiro del hombre en su dramática decisión final. Fascinante escrito, Néstor querido. Tejes palabras a placer, y vacías tu alma hasta hacer que tu lector se estremezca con tanta nostalgia. Sublime, querido amigo. Eres GRANDE, Te quiero full. SOFIAMA.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Sofy. Te imaginarás la felicidad que me da leer un comentario como éste. Uno cuando se pone a escribir quiere llegar a la sensibilidad del lector. Y en lo posible hacerlo vivir la historia que se cuenta. En tu caso, por lo visto, he podido lograrlo. Gracias por los elogios. Yo también te quiero mucho.

      Eliminar
  3. Qué bueno Nes que hayas contado esta historia de Mar Azul y del faro. Por supuesto que a mí me trajo muchos recuerdos. Aunque cambiaste a Eva de lugar. Jajajaja. Ya sé que era necesario para tu relato. Demasiados recuerdos, te repito. Estoy encantada de leerte. Aunque a mí me parece que Mar Azul es solo un pretexto que usaste para hablar de la melancolía. Y que a mí me ha gustado mucho.

    ResponderEliminar
  4. ¿Vos sabés que sí Carlita? Inicialmente pensé en escribir con el título de "Melancolía". De allí la cita inicial de la canción de Silvio Rodriguez. Pero bueno, nos es novedad que a veces los propios personajes nos llevan a los escritores a otra historia diferente a la que habíamos planeado. Te mando un beso. Gracias por leerme.

    ResponderEliminar
  5. Sí, Néstor, conmovedora historia que has enhebrado. Me parece que la melancolía es el sentimiento persistente a lo largo del texto, desde el epígrafe hasta el diálogo final. El personaje y todos los elementos que utilizas para el escenario abrigan ese sentimiento, el clima sin duda y el faro, esa construcción que uno asocia a los parajes solitarios, en donde vive, en donde anida ese estado del alma. Maravilloso texto, me has conmovido. Te mando un gran abrazo.
    Ariel

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Ariel. Dado la amistad emocional y literaria que nos une me gustaría responderte de una manera extensa. Pero siento que en realidad no es necesario. Has dado con el núcleo de este relato y te has conmovido. Para mi resulta suficiente. te mando un abrazo.

      Eliminar
  6. Gracias Néstor, la lectura me saca por un rato del trajín cotidiano,con un poco de nostalgia por cosas parecidas que a uno le han paso en la vida, me gustó mucho lo del mar, del faro, etc, muy bien escrito. Te mando un abrazo

    ResponderEliminar
  7. Respuestas
    1. Gracias Guille. Siento una gran alegría que hayas disfrutado, desde lo cotidiano y también desde la nostalgia, este melancólico relato. Te mando un gran abrazo.

      Eliminar
  8. Has fotografiado la melancolía en forma de mar azul. El faro que te lleva al lugar del recuerdo está allí, pero desapareció Eva. Los caracoles del Malasia poco pueden llegar ya a ese amor que es la melancolía. Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Que bueno María del Carmen tenerte por aquí. Es verdad. Si las cosas no tuvieran fin y no desaparecieran acaso no existiera la melancolía. El paso del tiempo condiciona la razón de ser del ser humano. Gracias por tu visita. te mando un cariño grande.

      Eliminar
  9. Que maravilla este relato Néstor. Es como un flash de la llegada del protagonista. Has contado una parte de una historia mayor e igual tiene una gran fuerza dramática. Me gustaría saber que pasó. Si el auto llegó o no hasta el faro.

    ResponderEliminar
  10. ¿Como estás Gra? Que alegría verte por acá. Tenés razón. El cuento breve, estilo Internet, es solo una parte de una historia mayor. También creo que en eso reside su fuerza. Yo no aspiré a nada más. Tan solo a esas breves horas en que el prota se encuentra en la posada esperando partir. Te mando un beso grande. Que pases Feliz Navidad. Voy por mail a contarte algunas otras cosas. Gracias por leer y comentar.

    ResponderEliminar