viernes, 2 de diciembre de 2016

Dos Amores



Hay muchas cuestiones con el paso del tiempo.
Allá por otras décadas, no demasiado lejanas, pero vaya uno a saber bien en cuál, yo solía escribir poemas en las servilletas del café La Paz y también en La Opera de Corrientes y Callao. Los vientos de la contradicción arrasaban nuestro pensamiento. Mi bolígrafo BIC azul de trazo grueso escribía “Te amo” en el pequeño trozo de papel y el tiempo nos acechaba.
–Voy a amarte –dije- mientras sigan encendidas las estrellas, mientras haya luz en el espacio y mientras pueda respirar.
Ni el ser supremo era capaz de desmentir semejante promesa.
Cualquiera de las facultades que se le asignan a Dios incluye la sapiencia absoluta. Por lo tanto  es imposible que hubiera puesto  en contradicción mis sentimientos.
            Los tiempos pasaron luego y yo traté de recordar el pasado pero la verdad es que no lo pude lograr.
Hoy solamente tengo destellos.
Luces tenues que se conectan en mi membrana neuronal. Atisbos del tiempo que fue. Imágenes mentales recónditas, reservadas y profundas pero a las que no tengo acceso porque me cuesta mucho recordar.
            ¿Escribí en realidad aquel “Te amo” en la servilleta del café La Paz?
No soy Dios, eso es evidente pero  ¿Tengo derecho a afirmar que lo que pasó  fue cierto? Puede ser, pero no estoy muy seguro.
En cambio ahora los tiempos han girado. Una enorme montaña de teclados y pantallas se ha derrumbado sobre la humanidad.  Discos rígidos, memorias, pendrives. Archivos, páginas, sitios, imágenes, fotos, correos  e innumerables foros que van y vienen por el espacio digital.
Ayer precisamente estaba leyendo las frases que alguna otra dama me escribió en el chat un año y medio atrás. Es espectacular.
No necesito recurrir a ninguna membrana neuronal.
Todo ha quedado allí grabado. La misma máquina y el sitio lo registraron sin siquiera consultarme y  además lo guardaron  en la memoria digital.  Aunque no sé si eso ha sido bueno o malo para mí.  Ahora ya no necesito saber si mis recuerdos fueron ciertos. Basta con hacer click y sencillamente se llega a la verdad.
“Gracias por quererme, la verdad te necesito”.  “Te quiero mucho, no sé lo que sería  la vida sin tenerte”. Nunca te dejaré de amar”. Y muchas, pero muchas frases más. Todas allí grabadas, en impensadas carpetas de chats. El pasado reciente resurgiendo de la nada. Y la constancia cierta de que todo fue verdad.
Nada más melancólico que la verdad.
Y ese sabor agridulce que se  siente respecto de las cosas que ya  no volverán.
En fin, que corre la primavera en la ciudad de Buenos Aires y que ha dado flores el jacarandá. Que tengo muchos días libres  y seguramente haré paseos por la ciudad.  Me tocará mirar todo con  la mirada lejana que me regaló la edad.
Y aunque todavía no lo tenga decidido, acaso alguna de estas tardes vuelva a sentarme en una mesa del café La Paz.



©2016

10 comentarios:

  1. Pues sí… Nada más melancólico que la verdad y nadie mejor que tú para pintar esa verdad con letras que tejes con finura exquisita. Un abrazo eterno, amado amigo. SOFIAMA

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    1. Te agradezco que hayas resaltado esa frase. Me salió mientras la escribía. La mentira puede ser dulce como el engaño pero es ciertamente oscura. La verdad, en la vida, tan solo provoca en algunos personas angustia y en otras melancolía. Tal es mi caso. Sé que un día deberé dejar esta vida que amo tanto y eso me pone un poco melancólico. Gracias por los elogios Sofía, mi reina de Ficticia.

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  2. Querido Néstor ¡Qué hermoso texto! Uno no deja de asombrarse de la calidad de la poesía que le has puesto a todas estas líneas, mientras, a su vez, vas reflexionando sobre los temas fundamentales de la existencia, el tiempo, Dios. Y además sobre los sentimientos, los recuerdos, la memoria, todo eso en un recorrido que comienza y termina en el mismo sitio: el café La Paz. Brillante. Te mando un gran abrazo.
    Ariel

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    1. Gracias Ariel. Los tiempos han cambiado es cierto, pero allí en la esquina de Corrientes y Montevideo sigue estando el café La Paz!

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  3. Que profundo que son tus conceptos mi amado Néstor. Es verdad cuando dices que muchas cosas ahora quedan registradas en el mundo digital. Pero a mí me parece que tu firma en la servilleta del bar es lo mejor que puede pasarle a la gente. Aunque luego la pierdas en la memoria y se termine por olvidar. También me gusta la poesía de tus palabras y aunque lo niegues sos un romantico!

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    1. En realidad Carla, te diré que a veces la exteriorización de los sentimientos suele dejar un tendal de arrepentimientos y de sueños rotos. Da lo mismo que quede guardado en un disco rígido o escrito en un papel. Igualmente pienso que todo vale la pena y la vida es una sola. Beso grande.

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  4. El otro día cuando publicastes Divina me puse a llorar y pensé en no leerte más. Pero aquí estoy Nesty. Este es triste pero romántico y me gustó mucho.

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  5. Gracias Néstor. Esa lectura hace como por momentos vea algún reflejo mío y me hace bien asomarme un poquito al pasado de vez en cuando...

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    1. Nuestra generación solía escribir en las servilletas, Guille. Te agradezco el comentario. Me alegra que te haga bien leer estas líneas peregrinas que escribo. Un abrazo

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