jueves, 27 de octubre de 2016

El Olvido


            La noche se hace larga sobre la avenida Corrientes.
            He vuelto, no sé muy bien porqué, a sentarme en una de las mesas del café La Paz.
Ya casi nada queda de aquel interior de estilo racionalista y de aquellas paredes recubiertas con  mármol italiano. El revoque,  la madera enchapada y el bronce subsisten en algún lugar aislado y la barra legendaria dónde uno podía pedir cualquier bebida que existiera en el mundo es ahora un sitio irreconocible y olvidado.
En diagonal, hacia la otra esquina, se encuentra el bar Ramos.  Para ser exactos, lo que queda del bar Ramos. Ahora es simplemente una pizzería. No es otra cosa que la sucursal de la vieja pizzería  Banchero de La Boca.
En aquellos tiempos salíamos del Teatro San Martín y nos íbamos al bar Ramos a beber vino suelto.  Que rico e indómito que era aquel vino. El gallego Sarlenga lo servía directamente de la bordalesa. Una especie de barril muy grande al que llamaba bordelesa y nosotros bordalesa. Sarlenga era muy gentil, llevaba el pelo engominado y un bigote imperceptible y delgado. “No sean salvajes, nos decía, que se llama bordelesa”. Lo cierto que el vino tinto salía de la canilla de madera, espumoso e incitante y era nuestra bebida revolucionaria.
Pero no esperen de estas reflexiones demasiada nostalgia.
Simplemente son recuerdos de cuando uno tenía veinte años y estaba en guerra la patria. A veces me pongo a pensar que en aquellos tiempos hasta Los Beatles se habían separado.
Y encuentro todo tan lejano que no me queda ni un mísero lugar para la nostalgia.
Es como un dato de la realidad. Los años que pasaron han sido muchos  y ya casi no logro recordar nada. ¿Tuve en realidad aquella novia con la que hicimos el amor en el banco de una plaza? ¿Me bebí alguna vez media botella de whisky sentado en el sillón de mi casa? ¿Me traicionó mi amigo más querido? ¿Estuve de verdad tres años exiliado?
Tengo el disco duro de la memoria completo.
No sé responder a esas preguntas y ni siquiera estoy preparado. Hoy trato de mirar hacia el futuro  e intento dejar muchas cosas de lado. Y lo último que quiero es que se derrumbe sobre mí  todo el peso de los años que pasaron.
Antes era moderno, es cierto y ahora me he vuelto clásico.
La noche se hace larga sobre la avenida Corrientes.  El fantasma interminable del destino se acerca y se abalanza sobre todas mis dudas.
La mujer de mi vida me sonríe detrás de los cristales de la puerta de entrada.
Ella sabe que la amo y que la necesito como al aire que respiro, pero mañana tengo que viajar al interior y la verdad es que estoy muy cansado.
El olvido me exige el tributo que le debe mi alma desde hace tantos años.
Y el tiempo no es otra cosa que un asesino solitario.


©2015

9 comentarios:

  1. Que texto testimonial realmente fantástico. Deberías recopilar estos escritos sobre Buenos Aires para editar un libro.

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  2. Gracias Liliana. Es una buena idea. Aunque lo difícil es implementarla. Tengo alrededor de doscientos de estos textos tipo "Internet" de 600 a 1000 palabras. Gracias por tu visita.

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  3. Querido Néstor. El olvido, tremenda palabra. Desde ese título hacia abajo vas rescatando los mojones de la vida, los lugares que la memoria conserva y los vas adornando con estrellas que las sacan de su tiempo para hacerlas presentes: el bronce, el vino suelto, la canilla de madera, el gallego, y cuatro preguntas fatales que no se deben responder. Y seguís ascendiendo hasta el último peldaño, el más doloroso, el inevitable, hacia la frase final que uno no quiere leer. Quiero que te quedes un poco antes, con la mujer de tu vida sonriendo, y retrocedas en el Tiempo, por la avenida Corrientes, escuchando a Los Beatles, a tomar vivo de la bordalesa, con tus amigos, en una noche cualquiera.
    Un fuerte abrazo.
    Ariel

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    1. Allá por el comienzo del texto consigno: "He vuelto, no sé muy bien porqué, a sentarme en una de las mesas del café La Paz". Como verás, los años le han agregado incertidumbre a lo que hago. Pero a la vez también le dieron conciencia de esa propia incertidumbre. Cuando se es joven tampoco sabemos lo que hacemos pero a esa edad la verdad es que no importa demasiado. Respecto de la entidad del olvido te diré una cosa. Borges decía, y lo comparto, que lo único que existe es el olvido. En cambio nuestros recuerdos, tan queridos, tan cercanos se terminarán yendo junto con nosotros. Gracias por el comentario. te mando un fuerte abrazo.

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  5. Ah... Néstor tan querido, nada, creo yo, que haya sido tan trascendental en la vida, se olvida. Sucede que, a veces, la memoria del corazón que es la que realmente manda en el ser, holgazanea; y esa farra tan extraña tiende a arropar los eventos que nos marcaron tanto con un humo indefinido, pero sabes querido amigo, eso es únicamente un recurso del alma para, luego, hacernos revivir aquello que NUNCA será tangencial. ¿Tu prosa? Sublime, tanto como tu poesía. ¿El mensaje? Profundo, ya que al ser creado por un hombre de tu sensibilidad y sabiduría, imposible que sea irrelevante. Un abrazo desde mi esencia, amigo tan amado y respetado. SOFIAMA

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    1. Sofía de mi vida y de mis años, gracias por tan bello comentario. Ese concepto de "la memoria del corazón" es todo un hallazgo. Acaso el cerebro sea sólo un instrumento y en el fondo lo que marca lo que hemos vivido es simplemente (y nada menos) que el corazón. Agradezco profundamente tus elogios y te mando un cariño grande que atraviese los cielos digitales de Internet.

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  6. Monica Reinoso Gaggini31 de octubre de 2016, 2:57

    Hermoso !!!!
    Me gusta tanto Néstor leerte !!! Gracias!!!!
    Lo comparto!

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  7. Gracias Moni. Me alegra que te haya gustado!

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